El novio de mi ex me busca. Le ha pedido mi nombre completo, con los dos apellidos, mi lugar de residencia. Me “googlea”. Además, como es periodista y trabaja en alguna agencia estatal (digamos que la PCM), tiene acceso a la RENIEC, a la SUNAT, a la SAT. Quizás también tenga acceso a mi Facebook, me siga en Twitter, lea fielmente este blog. Ha chequeado mi ponderado histórico en la PUCP, mis puntos Bonus, mi carta astral.
El novio de mi ex sospecha que estoy de vuelta en la ciudad. Tiene razón. He oído preguntárselo a ella por el teléfono. He oído a ella negárselo delante de mí. Más de tres veces, por cierto. Mientras él pregunta y ella responde, yo me hago el cojudo. Miro a los costados. Chequeo los mensajes en mi celular. Juego con la radio. Cambio de canción –hasta que ella me detiene y me dice bajito tapando el auricular: “esa me gusta” (ver video).
¿Cuántas veces nos hizo cagar de la risa, causita?. ¿Cuántas veces te quedabas un rato más en La Pocilga de San Felipe para compartir la carcajada con Los Giles? ¿Cuántas veces, nos llamabas al celular para celebrar algún gag de Enrique El Antiguo o de El Taxista? ¿Cuántas veces dijiste “Para que la habré traído?”. ¿Cuántas veces quisiste ser Don Arturo? ¿Cuántas veces quisiste estar cerca de esa Nena, o de tal Cuñada? ¿Cuántos de nuestros gestos son en el fondo un homenaje a ese tipo que no dejamos de buscarlo en Youtube cuando estamos aburridos?
El argentino que nos hizo reír se encuentra con la ayacuchana que nos hizo llorar. A veces quisiéramos que el orgullo nacional valiera menos. Son estos momentos que quisiéramos que Marx hubiera tenido razón con eso de que el comunismo destruiría las nacionalidades. Pero no podemos, Francella. Porque aunque Solier se ha convertido en un símbolo de caviares (en “su Mercedes Sosa” impostada), porque aunque la película no nos guste, porque aunque no aguantamos la caricatura (¿o lo real maravilloso?) de la representación de los cholos urbanos; no podemos dejar de pensar en que qué bonito se escucharía el nombre de Perú en el auditórium Kodak de Los Ángeles. El mérito no es nuestro. Ni del gobierno peruano, ni de su política cultural, ni de Conacine, ni de Renzo Schuler, ni de Jimena Lindo. Pero me alegraría tanto como un gol de Juan Aurich en México mañana. Marx, ¿por qué te equivocaste?
pd. Video de una de las secuencias más comentadas de El Secreto de sus Ojos, rival de La Teta Asustada por la estatuilla. Luego de ver la escena, ganar el Oscar es como creer que podíamos eliminar a Argentina del mundial. ¿Y quién no lo pensó?

- Aló?
- Hola…
- Hola. Ya está. Confirmado: en dos semanas estaré allá. Ya tengo los pasajes. ¿Vienes? Está más cerca, y no necesitas tanto dinero ni visa.
- Hmmm….¿Cuantos días te quedas?
- Aprovecho el break, me quedo diez días…Me pagan el hotel y te puedes quedar conmigo, así que no te paltees por eso.
- Pero no tengo excusa…¿Qué digo en mi casa?
- No la necesitas..Igual te interesa ir a la conferencia, no?
- Bueno, sí…pero no conozco a nadie allá, y ¿si me dejas sola por quedarte conversando con tanto nerd?
- Vas a ver que no. La vamos a pasar bacán. Confía en mí… ¿Qué pasa? Te noto rara…
- No… no sé, creo que no voy…mejor no, Carlos. Quisiera pero no. No puedo, tengo novio.
Luego de aquel viaje, nunca más me respondió las llamadas, ni los correos electrónicos, ni los mensajes por el messenger (poco tiempo después nunca más la vi conectada). Cambió su perfil de Facebook (“in a relationship”) y subió una nueva foto de perfil, en la que sale abrazada con un tipo que me recuerda a aquel personaje animado compañero de BraveStar: Treinta-Treinta. Solo que ahora no sé si es un caballo u otro cuadrúpedo con cuernos.
(photoshop gracias a Jona).
El Perú es Lima, Lima es Miraflores, Miraflores es mi grupo Facebook. La Feria del Libro TIENE que estar en Miraflores, el Museo de la Memoria también (Si es al lado del Jazz Zone, mejor). Si un par de palomillas hacen bulla en mi barrio miraflorino mando mi carta cívica indignada a Somos (con copia a Gino); pero si treintaicinco choros acosan diariamente la Plaza San Martin (donde hice trabajo de campo de mi libro de programa de cable) no digo ni mierda. Porque la inseguridad es patrimonio de los cholos, no? La mayor preocupación intelectual del año ha sido estar sentado en una mesa al lado de “Fuentes, Slim y Felipe“ (1:15), y el último grito caviar es visitar La Habana y contratar como guía turística a Yoani Sánchez. Read the rest of this entry »
“Oe, ¿has visto quien vende anticuchos al frente de la jato ahora?…Checa en la noche”. Mi hermano me pasa un dato que me deja intrigado.
A las seis de la tarde, un zambo de 90 kilos saca la parrilla a la vereda. La limpia con un cuchillo afilado, mientras silba una salsa que sale de los parlantes de un vecino que vende discos piratas.
“Habla pes, zambito”.
El negro voltea, me mira por un toque, y vuelve a lo que está haciendo casi inmutado. “Ta mare, carajo, no ves que aún no empiezo, ya, ya, en una hora vuelves por tus anticuchos, y vienes con sencillo, ah…” (Se ríe, voltea, nos abrazamos).
“Habla pes, promoción”, grita de tal modo que toda la cuadra se entera.
Julio ha vuelto al barrio hace un par de meses, luego de varios años de ausencia. A pesar del tiempo, todavía puedo reconocer en él al zambito de uniforme escolar y medias blancas (“pa que se me note algo siquiera pes”) que contaba chistes rojos y con quien compartimos las aulas de la secundaria. “Adentro aprendí a hacer anticuchos, había que vivir de algo pes, y ahora me salen de la puta mare…estoy esperando que pase Gastón y me descubra no más”… “Salí hace un par de meses, y estuve buscando chamba, por suerte el gordo Chacalón necesitaba parrillero, y ya ves, acá me tienes”. “Me metieron dedo carajo, una flaca, siempre es una flaca huevón, ya sabes, yo la estaba haciendo linda en Lampa, ta que las figuritas me salían igualitas, hasta que esta huevona me cagó…taba picona porque yo le daba más billete a mi mujer y a mi calato que a ella, pero que cosa quería pe, si era la trampa”…”Oe, huevón, cómo es esa vaina que estas de médico, ah? Tu viejita me dijo que estabas haciendo el doctorado en Estados Unidos, yo sólo le dije, ah ya, señora, que bacán, y me quede callado, porque yo sabía que eras boga o periodista, o una vaina de esas, pero ¿doctor? Ahí se me huevé.”
Mi hermano me cuenta que el barrio está más tranquilo desde que Julio ha vuelto. Ahora ya nadie choca con la gente de la cuadra.
Es paja volver a Lima de vez en cuando, sobre todo por fiestas, y reencontrarse con la casa, la familia, la calle de siempre, los patas, para que no se te olvide nunca de dónde realmente eres (y seguirás siendo).
Pd. Felices Fiestas a los lectores de este blog y recuerden que Papa Noel es caviar: se viste de rojo, tiene las manos blancas, no existe en realidad, pero igual le seguimos dando demasiada importancia.
Para CB

Aquella tarde fuimos campeones por veinte minutos. Faltando cinco para el final, un gol en Arequipa impidió que diéramos la vuelta en el Nacional. Regresamos a casa en silencio, resignados ante la imposibilidad de compartir un sueño. Era la última vez que íbamos juntos a la cancha y la U perdía nuevamente un título.
Luego, pasaría mucha agua bajo el puente. Nunes, Ospina, Gareca, Malingas, Candelo, Neira. Yo emigré. Tú te quedaste, y la siguiente vez que fuiste al estadio, subiste sus gradas con otro crema de la mano, al mismo que abrazaste cuando Solano empujó la pelota hacia dentro del arco, ante el vano esfuerzo de Libman.
A miles de kilómetros de distancia y en medio de una tormenta de nieve, yo sigo las imágenes del partido aferrado a una señal de internet. Cuento los minutos que faltan. Me pierdo en la cuenta regresiva. Solo luego del pitazo final, aplaudo, celebro, grito, carajeo. Y beso la camiseta crema que me entregaste antes que subiera al avión.
Hay amores que duran para siempre. Hay otros que son como los haikus: breves pero intensos. Kevin Arnold lo sabía. Tiger Woods lo padece. Sus historias terminan ligadas por una misma rubia que se les cruzó a ambos en momentos distintos de sus vidas. A continuación los detalles:
Kevin la conoció en Ocean City (ver video), durante unas vacaciones de verano, lejos de los suburbios y de Winnie. Se besaron frente al mar. Se enamoraron –como se enamoran dos adolescentes–. Se quisieron. Fueron felices, pero – ¿para qué negar lo inevitable?—el romance terminaría al momento de volver a clases. De aquel amor playero, sólo quedaron unas fotografías y una sola carta. Nunca más le escribió, la maldita.
Tiger la conoció personalmente luego de celebrar un campeonato; pero la atracción surgió a través del monitor de un ordenador (amores de nuestros tiempos). En su obsesión de poseer rubias exuberantes, Tiger se topó con ella en una página de internet (servidos). Convencido de que tiene todo el dinero del mundo como para evitar la monogamia, siguió fielmente el lema de su sponsor (“Just Do It”). La contactó, la conoció, la amó…hasta que el escándalo interrumpió la racha de un campeón.
Hoy, los tres personajes corren suertes distintas. Fred Savage –“Kevin Arnold”—trabaja para Disney Channel y entre sus más recientes producciones figuran dos episodios de Hanna Montana y uno de Ugly Betty.
Holly Sampson, a sus 33 años, es una MILF pro y parece haber nacido para los amores efímeros (pero eternos en el “behind the scenes” de, al menos, dos celebridades).
Tiger Woods acaba de anunciar su retiro del deporte por un tiempo indeterminado. Te extrañaremos Tiger. Ellas también.

…y un día, sin razón aparente, volvimos a ser dos extraños…
Ya han pasado algunos años. Ella venía de España a hacer una pasantía en el organismo de cooperación internacional en el que yo trabajaba por entonces. Primero fuimos compañeros de oficina, luego amigos, y más adelante ya no pudimos resistirnos. A los meses nos mudamos juntos y los recuerdos de aquel último verano en Lima siempre vendrán con imágenes de su sonrisa maleva y sus pecas omnipresentes.
Algunos fines de semana íbamos a visitar a mis padres en Zárate, y en una ocasión coincidimos con algunos familiares que habían llegado de la sierra y que, como diría Rosa María Palacios, eran de procedencia “humilde”. Al abrir la puerta me sorprendí al encontrar a tíos y primos que no frecuentaba en años y que me veían entrar a la casa con una española de la mano. Ante el nerviosismo de no saber cómo presentarla, solo atiné a decir: “Tíos qué sorpresa, bueno…este… les presento a un pishtaco”. Obviamente se rieron a carcajadas, mientras ella me decía al oído: “¿Qué es un pishtaco?” Yo le respondí: “Así llaman en la sierra a las mujeres bonitas”. Obviamente, no me creyó.
Luego de varias horas, nos despedimos. Antes de salir, una tía me llamó a un costado. “Carlitos, cuídese mucho, que le vaya bien, y sabe que, de verdad creo que esa chica puede ser un pishtaco, tenga mucho cuidado”. Yo le agradecí a mi tía por su preocupación, pero al subir al auto, con el pishtaco en el asiento de al lado, no pude evitar colapsar de risas hasta el llanto. Ella me miraba de reojo con rabia, y sólo atinaba a buscar algún CD que le hiciera escapar de aquella incomodidad.
Hace un mes la volví a ver en Bogotá. Seguía teniendo esa mirada que tienen los pishtacos antes de atacar a sus víctimas.

La sala de embarque está atiborrada de gente. El personal de la aerolínea intenta de cualquier manera poner algo de orden, en inglés, en español, en spanglish, si fuera posible en aymara. “I don’t know why these guys are so excited to go to La Paz, chico”, me dice un tripulante amanerado. Nadie hace caso a los grupos enumerados para subir al avión, cada quien lleva 3 o 4 “carry-on”, niños no paran de chillar. Recuerdo que hace 6-7 años las zonas de embarque para Lima eran similares. Pero creo que a punta de tanto concierto en el Monumental nos hemos civilizado un poco. De cualquier manera, no deja de sorprenderme por qué los andinos –incluyo a los nacionales—tenemos ese complejo de ekeko, de animal de carga, de llevar todos los bultos posibles al borde del colapso, de llevar más cambios de ropa que los posibles, de montarse con todos los cachivaches encima. ¿Alguien me puede explicar la emoción que sentimos al llegar al aeropuerto como un completo ekeko postmoderno (dos ipods, un plasma, una impresora, Johnnie Walker-pero-de-duty-free-pe, una Barbie para la ahijada, un Transformer para el entenado, condones Benetton para tu flaca del chat y una bolsita de Dunkin Donuts de yapa)? ¿Por qué? Responde Jeffrey Sachs!
Partimos de la convicción de que el Perú no tiene intelectuales y, lo que es peor, a la vez tiene muchos. Nuestro objetivo político es bajarles el pantalón en público. Creemos que leer a Lacan para entender la idiosincrasia nacional es una ofensa que debe ser penada con 48 horas continuas en combi, y que considerarse de izquierda y practicar yoga debe ser castigado con un road-trip a los “conos” de la mano de Genaro Ledesma y Alberto Moreno. Este blog no tiene pretensiones intelectuales. Por el contrario, es anti-intelectual.