Edu o "Tuti" al lado de Verón (foto: El Comercio)

Edu o "Tuti" al lado de Verón (foto: El Comercio)

Mi tío Mauro –que en paz descanse—debe ser lo más cerca a un intelectual que tuvo mi familia. Fue maestro de Historia, interesado especialmente en el período de la independencia. Dedicó gran parte de su tiempo a descubrir héroes anónimos que colaboraron con el nacimiento de nuestra república. “Descubrió” paraguayos, nicaragüenses, hondureños perdidos entre los nombres de miles de soldados y civiles que, por esas cosas del destino, participaron de un modo u otro en una historia obnubilada por San Martín y Bolívar. Luego de documentar cada caso, y con la monografía debajo del brazo, tocaba las puertas de las embajadas respectivas para dar a conocer sus hallazgos. Siempre fue bien recibido por los diplomáticos, quienes gustosos de encontrar a un compatriota perdido en la historia del Perú, agradecían al maestro de secundaria con invitaciones a aniversarios, cocteles y demás.

Un día mi tío Mauro me sorprendió con una revelación: “Sobrino, ¿tú sabías que yo tengo fotos con Belaúnde, Alan García, Fujimori y hasta con Menem?”. Ante mi incredulidad, sacó sus álbumes fotográficos, y página por página fue mostrándome su antología de fotos con los políticos más importantes de nuestro tiempo. Claro, en cada una de ellas salía de refilón, casi siempre en una esquina, con la actitud del colado-del- tono (que no lo era). Recuerdo nítidamente una en la que sale sonriente al lado de un Fujimori volteando la mirada y sorprendido ante el flash. “Esta es la mejor –me dijo—….es que el fotógrafo ya me manyaba”. Efectivamente, mi tío Mauro, gracias a sus modestas contribuciones historiográficas, se había metido en la lista de invitados a ceremonias oficiales de cuánta embajada correspondida, y en cada uno de esos eventos coincidió con decenas de políticos renombrados. Pero finalmente cada fotografía revelaba lo que era: un zampado en la historia oficial. De esta manera, mi tío Mauro terminó pareciéndose a los personajes secundarios que investigaba, testigos cercanos pero anónimos que los libros no registrarán.

Tengo la impresión que el peruano suele ser un colado en la historia oficial. El peruano es por naturaleza un personaje secundario. Casi nunca es protagonista, pero siempre está ahí, metido en los anales de la historia de refilón. Ejemplos  sobran: el asistente personal de Luciano Pavarotti, el doble de Robert de Niro, el ex novio de Julia Roberts, el utilero del Estudiantes de la Plata campeón de la Copa Libertadores. Es más, nunca  recordaremos sus nombres, pero secretamente celebraremos haber llevado la blanquirroja “hacia lo más alto” (¿?!), con reportaje televisivo en el magazín dominical de yapa (y un par de rebotes en los blogs). Y cuando nos toca el rol principal, por ejemplo campeones de algo, se trata de deportes caletas como la tabla, el velero de viento o el boxeo femenino.

El colado-en-la-foto-oficial no sólo lo llevamos en las venas, sino es una práctica constante y cotidiana. Nuestros álbumes están repletos de dicha evidencia: al lado del renombrado politólogo cuando visitó la PUCP, dándole la mano al intelectual italiano en un Congreso Internacional –la foto salió borrosa, pero qué chucha, igual la subo al Facebook–, foto en mancha con una Miss Universo –claro, fue la Maju y en Trujillo–, con tu ídolo en el backstage que te colaste porque tu pata trabaja en Teleticket, o simplemente al lado del pelotero de moda. Obviamente aquellas estrellas nunca se acordarán del momento del registro, mucho menos de las circunstancias, qué decir de tu nombre. Pero eso no te impedirá que algún día remoto pases a ser la gloria familiar: “Sobrino, ¿tú sabías que yo tengo una foto con Sartori?”.