alanpalomaAlan es Zelig, dicen. Alan no es Haya, también (primicia chocherita!). Alan es casi casi un fachista, un neoliberal sin misericordia. Un aliado de la impunidad militar. Alan, es malo, malo, malo (fondo musical de Bebe). Si usted cree que nuestro presidente no es capaz de un gesto de caridad a un desconocido sin algún interés detrás, mejor no lea lo que sigue a continuación.

Dicen que el tiempo que Alan García estuvo asilado en Bogotá, era un tipo opaco, que llevaba a cuestas el desprestigio de su gobierno hiperinflacionario y catastrófico. Dicen que en las reuniones diplomáticas a las que era invitado casi como un gesto de cortesía (¿o compasión?), era prácticamente un tipo marginal, al que en el mejor de los casos se le acercaban por cordialidad. Quizás por ello, no aguantó tanto tiempo en Colombia, y terminó yéndose a Francia, donde la ventura, como se sabe, le puso mejor cara. Sin embargo, al parecer, su paso por el vecino país despertó en él gestos anónimos de solidaridad.

Álvaro López es un mendigo que pide ayuda en el semáforo de la calle 81 con carrera 9a en Bogotá. A los tres años (cuenta la crónica de Soho) se quemó la cara y parte del cuerpo por un accidente del cual no guarda recuerdo. Desde entonces (1966), le han hecho dos cirugías. Una de ellas le regaló “el doctor Alan García”. Es posible que se trate de un homónimo (la historia no da más detalles), pero quizás esto nos dé una esperanza sobre la bondad que puede despertar nuestro presidente. No en vano, tantas mujeres le han amado.