Sí, ya sé. Usted está celebrando la designación de Río de Janeiro como sede las Olimpiadas del 2016 como si fuera brasileño, cuando lo más cerca que estuvo de la capital del Carnaval fue en El Aguajal (restaurante charapa de Los Olivos). Sí, ya sé, Usted en realidad está expresando su solidaridad latinoamericana con el pueblo de Lula, cuando lo único que le suena en portugués viene de las canciones de Xuxa, la reina de los bajitos. Sí, ya sé. Usted en el fondo espera un milagro, una verdadera revolución ciudadana que permita que la Transoceánica lo acerque más hacia el otro lado del continente, y pueda estar sentado frente al Atlántico bajo el fondo musical de Garota de Ipanema, esa canción que escuchó por primera vez cuando con sus amigos de Letras se emborrachó en la Media Naranja (Schell 130, Miraflores). Sí, ya sé. Soy un aguafiestas (…y Julinho es peruano).

Precisamente Rio fue hace unos meses lugar de encuentro de una muestra representativa de la intelectualidad (¿?) peruana, quienes asistieron a una conferencia de latinoamericanistas. Obviamente, la ciudad no se dio por enterada; pero la peruanada disfrutó olímpicamente de dicho encuentro, con la desfachatez propia de quien lleva sopa en botella a Copacabana. En los próximos días, iré posteando anécdotas (in)felices que tienen como protagonistas a un caviar, un blogstar, una feminista de la subjetividad, y obviamente a una ex; todos ellos incautos inquilinos de una ciudad-night-club. (Usted pensó: este jorobado ya se olvidó… Lo siento). Mientras tanto, les dejo con el himno de un grupo de politólogos poetas del Mid-West gringo cuyas almas, se dice, penan todas las noches por las calles de Lapa. Imagen de previsualización de YouTube