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El fútbol, la metáfora perfecta de la vida, nos puede llevar a comprender los males históricos de la izquierda peruana. Gloriosa en los setenta, en los ochenta prometía consolidarse como potencia en Sudamérica, de la mano de Alfonso “Cueto” Barrantes, el parco pero carismático “Poeta de la Zurda”. Tuvo su última oportunidad en 1985, pero no supo mantener el resultado. Luego simplemente vino el colapso: eliminada vergonzosamente de las eliminatorias de 1990; no pudo resucitar en la Copa América-Referéndum de 1993; y con el “cubano”  Cucho-Haya Company como técnico –luego pasaría a las filas de otra selección—no generó ni cosquillas en la Copa América de 1995. Nunca más levantaría cabeza. Aunque en cada eliminatoria se promete un cambio generacional, la clasificación es una ilusión que se desvanece en el aire. Un símil entre los principales dirigentes de izquierda y nuestra selección nacional de fútbol nos permitirá comprender un poco porque somos los últimos de Sudamérica pateando el esférico y empuñando el puño izquierdo.

Estos son los 11 (y más) de la Izquierda Peruana:

Javier Diez Canseco es el “Chorri” Palacios. Su pasado pudo haber sido glorioso. Alguna vez despertaba pasión en las multitudes. Algún sector lo consideró en su momento el mejor enganche de la selección de Izquierda Unida, a pesar de que sólo tocaba la pelota con una sola pierna –por ello también lo llamaban “el cojo”. Poco a poco, conforme avanzaban los años, fue cayendo pesado. Hoy, a pesar de su edad, todavía quiere seguir jugando. Sólo corre –o camina—medio tiempo y encima pide banda de capitán (Abusivo!). El retiro debería ser lo sensato.

Rolando Breña es Nolberto Solano. Es el “Maestrito” (del SUTEP). El caballero de la izquierda, un personaje que no deja de despertar respeto aunque podamos comulgar o no con él. Lejano de las excentricidades propias de una estrella, el “Maestrito” Breña sigue moviendo la pelota, aunque también los años y las lesiones seguidas le aconsejan lo contrario. Se dice que anda peleado con el “Chorri” Diez Canseco, pero ante las cámaras se pueden dar la mano. Quiere ser DT. Toca la trompeta en sus tiempos libres.

José Luis Risco es el “Chinchano” Mendoza.  Tenía un futuro promisorio, pero lo pusieron a jugar arriba con puro blanco (¿Recuerdan esa plancha presidencial con Lourdes Flores y “Dragon Ball” Kisic?). Quemaron al negro. Luego, falló un gol en la raya en el último minuto en un partido en el Municipio de La Victoria cuando ya lo estaba celebrando con la hinchada. Ahora sigue jugando en ligas desconocidas, pero ya nunca volverá a vestir la blanquiroja.

Mario Huamán es el Cholo Prado. Aguerrido por las bandas, siempre pone cara de malo en cada pelota dividida. Mete la pierna fuerte. Quiere transmitir respeto. Pero sabemos que sólo la mueve en el medio local de la Plaza Dos de Mayo.

Antauro Humala es Donny Neira. Habilidoso con la pelota, pero indisciplinado. Estuvo a un paso de la selección, pero sus conductas fuera de la cancha echaron por la borda su carrera. Se dice que es conflictivo con los demás integrantes del equipo. Ahora entrena en Total Piedras Gordas. Pasará a la historia por sus besos polémicos.

Vladimiro Huaroc es Johan Fano, la esperanza que viene desde el centro del país. Cuando jugaba en el medio local nunca lo convocaron a la selección. Tuvo que irse a países latinoamericanos de segundo rango para desde ahí pedir selección. Su perfil no pasa desapercibido.

Alberto Pizango es el “Charapa” Rengifo. Se ha convertido en la última esperanza de gol. Ha demostrado que tiene madera para el puesto de delantero. Sin embargo, los goles que ha marcado no han servido de nada. Se queda dormido en las concentraciones. Se lo llevaron a jugar a una liga extranjera en donde no se obtiene mucha relevancia mediática, como Polonia o Nicaragua.

Susel Paredes es “Paolín-lin-lin” Guerrero. Luchadora. No le incomoda irse de boca y decir sus verdades. No le importa cuestionamientos a su opción sexual. Lo deja todo en la cancha. Sin embargo, se la encontró en el Friday’s con Marco Arana un día que tenía que concentrar con el DT Diez Canseco. Se dice que prepara renunciar con media selección para jugar con el UTC de Cajamarca.

Wilfredo Ardito es el “Motorcito” Rainer Torres. Chato y cumplidor. Quita balón, pero no distribuye. Pero está ahí para jugar al sacrificio. No le importa que lo pateen, que lo choleen. Cumple su función. Es el Daniel A. Carrión de la discriminación.

Michel Azcueta es el “Checho” Ibarra. Quiere la blanquiroja aunque es nacionalizado. Ha pasado por todos los equipos (desde Izquierda Unida hasta Somos Perú). Quiere batir el reto histórico de candidaturas. A su edad, aún cree poder seguir metiendo goles.

Ollanta Humala es Leao Butrón. Históricamente hemos tenido buenos arqueros y quizás Ollanta “Butrón” no esté a la altura del puesto; pero simplemente no hay otro. Desde un equipo nuevo (El Partido Nacionalista “San Martín de Porres”) y con muchos reciclados, ha logrado ser la revelación de los últimos años en el medio. Las veces que ha sido goleado, culpabiliza la falta de cohesión de su equipo. No duda en insultar a los presidentes de la FPF Alan “Burga” García y al ex presidente Alberto “Delfino” Fujimori, llamándolos “cabrones” por el mal estado del fútbol peruano.

¿Quiénes quedan fuera? Yehude “Pizarro” Simon obviamente. Puede ser la solución al ataque peruano, pero nadie lo quiere. No le perdonan la traición. ¿Y Marco Arana? Todavía está jugando la Copa Perú (por el minero Cobresol, je), y todos sabemos lo difícil que es saltar del fútbol amateur a la primera división. Todavía no merece ni calentar la banca de suplentes. A pesar de eso, El Bocón dice que busca refuerzos para subir a primera con jugadores que creen ser juveniles pero que en realidad están al borde del retiro. Entre ellos destacan el polaco-trosko Carlos “Lato” Reyna, y el nacional Darío “Chocli” Muchotrigo.

Carlos Tapia es el inacabable Avestruz Carty, de la misma generación que Genaro “Bazalar” Ledesma. Ambos experimentados jugadores que saben moverla en las alturas del Perú profundo, pero nunca pudieron mantener su regularidad en la selección. Ahora esperan que algún equipo chico les haga su ceremonia de despedida de las canchas.

Precisamente al borde de la cancha, dando indicaciones, encontramos a “Chemo” García Sayán. No habrá logrado ninguna victoria significativa, pero pasará a la historia como el entrenador mejor vestido. Impecable. Seductor. Puede estar lloviendo a cantaros, o puede estar dirigiendo en la Cancha de los Muertos, a él siempre lo verán con un Armani azul impecable. Impone la moda. No se despeina. Pero, el pueblo futbolero no lo quiere.

Y finalmente, Susana Villarán es Francesco Manassero. Como jugador nunca ganó nada, pero ahora representa a los jugadores agremiados luchando contra las injusticias dirigenciales. Se considera la reserva moral del futbol peruano.