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Escena de Caza 1

Escuchemos al antropólogo-yo-analizo-a-mi-guachi explicando qué es un pishtaco: (minuto 1.54)

Hombres blancos, de cabellos castaños, rubios, o negros en algunos casos, de bigotes y barbas, asociados a la figura del conquistador de acuerdo al pasado colonial, y luego a la figura de un gringo

Ajá. O sea, el pishtaco eres tú pe, compare. Me estás describiendo tu cacharro. (Ahora, tampoco te creas eso de “conquistador”).

Escena de Caza 2 (todo en el mismo video)

Escuchemos a la periodista-indignada rompiendo –según ella—mitos: (minuto 0.05)

Las personas sencillas de los Andes peruanos tienen todo el derecho de creer en mitos y leyendas, pero que la autoridad promueva el embrutecimiento popular…

A ver, a ver, si entiendo bien. O sea, según Rose Marie Palace (RMP) los ciudadanos andinos son: 1) sencillos; 2) creen en mitos; 3) brutos. Ah ya. ¿Acaso nosotros también no tenemos el derecho de indignarnos porque RMP cree en el “mito del libre mercado”?. Por otro lado, RMP acaba de contribuir a las ciencias sociales con su nuevo concepto de “embrutecimiento popular”. No es lo mismo “embrutecimiento caviar”. Obvio.

Los protagonistas de estas dos “escenas de caza” confunden creencia con ignorancia. Para el primero,  los narcos ahuyentan a los fácilmente engañables “andinos”, metiéndoles miedo con sus propios mitos. Para la segunda, las personas “sencillas de los Andes” pueden mantenerse “brutas” (porque están en su “derecho”), pero “por favor, no me pongan esa noticia en El Comercio. ¿Qué dirán los que nos siguen por internet?”

Aunque parezca inverosímil, el mito del pishtaco tiene una base objetiva. Crónicas de los siglos XVI y XVII –a las que accedí alguna vez de casualidad para ser sinceros– cuentan que la grasa humana era utilizada para curar heridas de espada en el período de la Conquista e inicios de la Colonia. Luego del uso extensivo de armas cargadas de pólvora (que causan otro tipo de heridas), la grasa humana no fue requerida. A partir de estas historias reales se van construyendo y reproduciendo mitos que obviamente son parte de nuestra herencia andina y con las cuales, muchas personas, nos sentimos cómodos. No me parece “ignorancia”, sino parte de nuestras creencias cotidianas como lo pueden ser también los milagros de santos y las lecturas de cartas. ¿Acaso el presidente que hizo las reformas de ajuste más “exitosas” de los noventa, no consultaba chamanes piuranos y videntes criollas? ¿Acaso por eso Rose Marie se atrevería a llamarle “bruto” a Fujimori?

Lo que por fin entiendo es por qué antropólogos-yo-comprendo-a-los-cholos y periodistas indignados le tienen “miedo al cerro”. Es que podrían ser confundidos con pishtacos, que es también otra forma de llamarle al forastero, al desconocido, a ese que nos cae mal a simple vista porque miran a las “personas sencillas de los Andes” por encima del hombro. Levi-Strauss, retuércete en tu cripta.