Ekeko_Evo

La sala de embarque está atiborrada de gente. El personal de la aerolínea intenta de cualquier manera poner algo de orden, en inglés, en español, en spanglish, si fuera posible en aymara. “I don’t know why these guys are so excited to go to La Paz, chico”, me dice un tripulante amanerado. Nadie hace caso a los grupos enumerados para subir al avión, cada quien lleva 3 o 4 “carry-on”, niños no paran de chillar. Recuerdo que hace 6-7 años las zonas de embarque para Lima eran similares. Pero creo que a punta de tanto concierto en el Monumental nos hemos civilizado un poco. De cualquier manera, no deja de sorprenderme por qué los andinos –incluyo a los nacionales—tenemos ese complejo de ekeko, de animal de carga, de llevar todos los bultos posibles al borde del colapso, de llevar más cambios de ropa que los posibles, de montarse con todos los cachivaches encima. ¿Alguien me puede explicar la emoción que sentimos al llegar al aeropuerto como un completo ekeko postmoderno (dos ipods, un plasma, una impresora, Johnnie Walker-pero-de-duty-free-pe, una Barbie para la ahijada, un Transformer para el entenado, condones Benetton para tu flaca del chat y  una bolsita de Dunkin Donuts de yapa)? ¿Por qué? Responde Jeffrey Sachs!