“Oe, ¿has visto quien vende anticuchos al frente de la jato ahora?…Checa en la noche”. Mi hermano me pasa un dato que me deja intrigado.

A las seis de la tarde, un zambo de 90 kilos saca la parrilla a la vereda.  La limpia con un cuchillo afilado, mientras silba una salsa que sale de los parlantes de un vecino que vende discos piratas.

“Habla pes, zambito”.

El negro voltea, me mira por un toque, y vuelve a lo que está haciendo casi inmutado. “Ta mare, carajo, no ves que aún no empiezo, ya, ya, en una hora vuelves por tus anticuchos, y vienes con sencillo, ah…” (Se ríe, voltea, nos abrazamos).

“Habla pes, promoción”, grita de tal modo que toda la cuadra se entera.

Julio ha vuelto al barrio hace un par de meses, luego de varios años de ausencia. A pesar del tiempo, todavía puedo reconocer en él al zambito de uniforme escolar y medias blancas (“pa que se me note algo siquiera pes”) que contaba chistes rojos y con quien compartimos las aulas de la secundaria. “Adentro aprendí a hacer anticuchos, había que vivir de algo pes, y ahora me salen de la puta mare…estoy esperando que pase Gastón y me descubra no más”… “Salí hace un par de meses, y estuve buscando chamba, por suerte el gordo Chacalón necesitaba parrillero, y ya ves, acá me tienes”. “Me metieron dedo carajo, una flaca, siempre es una flaca huevón, ya sabes, yo la estaba haciendo linda en Lampa, ta que las figuritas me salían igualitas, hasta que esta huevona me cagó…taba picona porque yo le daba más billete a mi mujer y a mi calato que a ella, pero que cosa quería pe, si era la trampa”…”Oe, huevón, cómo es esa vaina que estas de médico, ah? Tu viejita me dijo que estabas haciendo el doctorado en Estados Unidos, yo sólo le dije, ah ya, señora, que bacán, y me quede callado, porque yo sabía que eras boga o periodista, o una vaina de esas, pero ¿doctor? Ahí se me huevé.” 

Mi hermano me cuenta que el barrio está más tranquilo desde que Julio ha vuelto. Ahora ya nadie choca con la gente de la cuadra.

Es paja volver a Lima de vez en cuando, sobre todo por fiestas, y reencontrarse con la casa, la familia, la calle de siempre, los patas, para que no se te olvide nunca de dónde realmente eres (y seguirás siendo).

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Pd. Felices Fiestas a los lectores de este blog y recuerden que Papa Noel es caviar: se viste de rojo, tiene las manos blancas, no existe en realidad, pero igual le seguimos dando demasiada importancia.