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El novio de mi ex me busca. Le ha pedido mi nombre completo, con los dos apellidos, mi lugar de residencia. Me “googlea”. Además, como es periodista y trabaja en alguna agencia estatal (digamos que  la PCM), tiene acceso a la RENIEC, a la SUNAT, a la SAT. Quizás también tenga acceso a mi Facebook, me siga en Twitter, lea fielmente este blog. Ha chequeado mi ponderado histórico en la PUCP, mis puntos Bonus, mi carta astral.

El novio de mi ex sospecha que estoy de vuelta en la ciudad. Tiene razón. He oído preguntárselo a ella por el teléfono. He oído a ella negárselo delante de mí. Más de tres veces, por cierto. Mientras él pregunta y ella responde, yo me hago el cojudo. Miro a los costados. Chequeo los mensajes en mi celular. Juego con la radio. Cambio de canción –hasta que ella me detiene y me dice bajito tapando el auricular: “esa me gusta” (ver video).

El novio de mi ex es simpático. Me cae bien. Solo lo he visto por fotos que ella me ha mostrado, pero algo me dice que es buena gente. Bueno, por algo llevan ya buen tiempo. Sin embargo, creo que tiene dos defectos que superar para afianzar la relación con ella: 1) no baila pero ni La Macarena en cámara lenta, 2) usa un polo que dice en el pecho “China is a country full of Chinese People”. (Sí, bacán se computa. O “bacano”, como también se hace llamar en un vano intento de tener alguna gracia).

El novio de mi ex se lleva bien con las amigas de mi ex. Ellas me odiaban. Me odiaban desde antes que existiera.  Me odian más ahora que me veo con ella a escondidas cuando regreso a la ciudad. Me odian más porque ella ya no me odia como antes; en realidad nunca me odió como ellas hubiesen querido. Pero ya que entre ellas no pueden odiarse, acuerdan dos cosas: 1) odiarme más, mucho más, “porque deliberada y gratuitamente hago daño” (sic), y 2) empezar a odiar al novio de mi ex, por huevón.

El novio de mi ex piensa que ella está en el gimnasio, mientras pasamos el rato en una cafetería ideal para amores furtivos. Caleta. Ni siquiera tiene dirección en la puerta. Ni siquiera saliendo sabríamos como volver. Es tan perfecta que me encuentro con un amigo y su “trampa” (sic). No nos saludamos. Nos hacemos los huevones. Mi ex pide tentación de lúcuma. Yo, un deseo.

(Mi ex es ahora mi cómplice).