
Ella estudia Ciencia Política en una universidad de los Estados Unidos. El estudiaba Economía en la misma universidad. Ella viene de un país del Pacifico Sudamericano, donde vivía con sus padres, quienes eran médicos de un hospital estatal. El venía de un pequeño país del Atlántico Sudamericano, donde vivía con su padre divorciado, quien era Presidente del Banco Central de Reserva. Ellos se conocieron en una fiesta en mi casa a comienzos del año pasado. Ambos lucieron felices desde los primeros días que empezaron a salir juntos. Durante aquel año, fueron una de esas parejas perfectas que uno ve florecer en medio de la nieve. En la última cena antes de vacaciones, anunciaron que luego del verano se iban a mudar juntos. Ella marchaba a Portugal a hacer un estudio sobre compra de votos. El pasaría esos meses en una pasantía en un organismo multilateral en New York. Luego del receso, los volví a ver, pero por separado. El sólo había vuelto por sus cosas, pues había decidido dejar el doctorado y quedarse a trabajar en la Costa Este. No ofrecía motivos claros. Ella no me contó nada por un buen tiempo, hasta ayer. “Con él cometí todos los errores”, me dijo, mientras veía el fondo de una copa tan vacía como el nuevo apartamento.
Escena de Caza 1
Escuchemos al antropólogo-yo-analizo-a-mi-guachi explicando qué es un pishtaco: (minuto 1.54)
“Hombres blancos, de cabellos castaños, rubios, o negros en algunos casos, de bigotes y barbas, asociados a la figura del conquistador de acuerdo al pasado colonial, y luego a la figura de un gringo”
Ajá. O sea, el pishtaco eres tú pe, compare. Me estás describiendo tu cacharro. (Ahora, tampoco te creas eso de “conquistador”).
Escena de Caza 2 (todo en el mismo video)
Escuchemos a la periodista-indignada rompiendo –según ella—mitos: (minuto 0.05)
“Las personas sencillas de los Andes peruanos tienen todo el derecho de creer en mitos y leyendas, pero que la autoridad promueva el embrutecimiento popular…”
A ver, a ver, si entiendo bien. O sea, según Rose Marie Palace (RMP) los ciudadanos andinos son: 1) sencillos; 2) creen en mitos; 3) brutos. Ah ya. ¿Acaso nosotros también no tenemos el derecho de indignarnos porque RMP cree en el “mito del libre mercado”?. Por otro lado, RMP acaba de contribuir a las ciencias sociales con su nuevo concepto de “embrutecimiento popular”. No es lo mismo “embrutecimiento caviar”. Obvio.
Coquito revisa su libro de Norbert Elías antes de salir. Se mira ante el espejo para comprobar que ha sabido disimular su procedencia social debajo de una camisa a cuadros vieja y el jean más gastado que se le olvidó regalar a su empleada. Se siente listo. Ha logrado entablar contacto con un líder de una barra de Alianza Lima –Coquito, a pesar de sus 24 años, no tiene preferencias futboleras – que lo espera en una esquina del Parque Matamula. Enfunda la grabadora bajo el bolsillo y sale envuelto en su curiosidad de científico social. Así se iniciaría su exitosa carrera de sociólogo-barra-brava, para quien –como diría una periodista bloggera—la sociología es un apostolado cuando se trata de estudiar a las tribus de la calle. Compartiremos con ustedes algunos apuntes y reflexiones sociológicas de su diario de campo.
Día 1. Me metieron la mano.

Hace dos semanas participé en un seminario académico organizado por una universidad en Bogotá (ver afiche de la izquierda). Esta semana se inicia una serie de presentaciones de “pre-candidatos” presidenciales en una universidad en Lima (ver afiche de la derecha). Los posters publicitarios de ambos eventos tienen un asombroso parecido. En Lima y hace años, solía decir a los alumnos de Ciencia Política que teníamos que “imitar” mucho a los politólogos colombianos. No me refería a este tipo de “inspiraciones”, obviamente. En todo caso, parece que los alumnitos me hicieron caso. ¿Y la creatividad, muchachos?
Usted, estimado lector, quizás escuchó o vio el comercial del video. A continuación le ofrecemos el guión de uno alternativo. El Jorobado ¿dice? la verdad. (Correa, estimados)
“Mi nombre es Sandro Buenaventuro. Yo soy sociólogo en Torreja. En mis ratos libres hago perfiles. Cuando ya no tengo ideas, llamo a mi socio Gustrago. El es buena gente. Y mi almuerzo me lo da Zoodexo. Todos tenemos chamba. Yo antes creía que con la minería sólo trabajaban los cholos. Hasta que descubrí las consultorías y los estudios de impacto socio-ambiental”.
La minería que ellos quieren sí existe, pero no para ustedes. La minería fashion genera 10 puestos de trabajo. Todos en San Isidro. Todos en Lima. Porque un sueldo de ya-tú-sabes equivale al sueldo del taxista, del llantero, y de la cocinera por diez años. Sociedad de Amigos de los Caviares.

El fútbol, la metáfora perfecta de la vida, nos puede llevar a comprender los males históricos de la izquierda peruana. Gloriosa en los setenta, en los ochenta prometía consolidarse como potencia en Sudamérica, de la mano de Alfonso “Cueto” Barrantes, el parco pero carismático “Poeta de la Zurda”. Tuvo su última oportunidad en 1985, pero no supo mantener el resultado. Luego simplemente vino el colapso: eliminada vergonzosamente de las eliminatorias de 1990; no pudo resucitar en la Copa América-Referéndum de 1993; y con el “cubano” Cucho-Haya Company como técnico –luego pasaría a las filas de otra selección—no generó ni cosquillas en la Copa América de 1995. Nunca más levantaría cabeza. Aunque en cada eliminatoria se promete un cambio generacional, la clasificación es una ilusión que se desvanece en el aire. Un símil entre los principales dirigentes de izquierda y nuestra selección nacional de fútbol nos permitirá comprender un poco porque somos los últimos de Sudamérica pateando el esférico y empuñando el puño izquierdo.
Estos son los 11 (y más) de la Izquierda Peruana: Read the rest of this entry »

El Diego (derecha) y su asistente (jalando las maletas) en La Conferencia (Rio, 2009)
Inclusive los mejores jugadores comenzaron su carrera en una banca de suplentes. Ahí, aguardan atentos al llamado del entrenador. Sólo unos cuantos serán requeridos para el recambio. En el momento preciso que el técnico vuelve su mirada hacia la banca, los latidos de los suplentes se aceleran y esperan la confirmación para calentar rápidamente, escuchar atentamente las instrucciones y cambiar la historia del partido. La banca aloja el mérito del jugador siempre listo, quien no se siente un reemplazante, sino que espera alcanzar la gloria cuando se es requerido. El Diego lo sabe. Porque los grandes como él saben también calentar la banca.
Era una tarde de invierno cualquiera, en la siempre gris Lima. En su residencia sanisidrina, El Diego lee una revista en francés que olvidó sacar de su valija en su último viaje a Europa, hace un par de semanas. El mar de bocinazos de las combis que se han desviado debido a la última remodelación de la avenida Arequipa es simplemente un murmullo que no le inmuta. Sin embargo, su lectura es interrumpida. Su asistente personal toca a la puerta de su despacho. Se trata de una llamada internacional: “De Rio de Janeiro, doctor”. El Diego atiende la llamada con la naturalidad de un ex canciller. “Bom dia”, responde, muy consciente de la diferencia horaria entre ambas ciudades.
Le informan que La Conferencia tenía como charla inaugural a un grande las ciencias sociales y de la política latinoamericana: Fernando Henrique Cardoso. Por imprevistos de último minuto, Henrique (como le dicen los amigos; de ahora en adelante Pelé) ha tenido que verse en la obligación de cancelar su participación. La llamada es para pedirle a El Diego acceda a reemplazarlo en tal magno evento. Nuestro ídolo no lo piensa dos veces. Read the rest of this entry »
Sí, ya sé. Usted está celebrando la designación de Río de Janeiro como sede las Olimpiadas del 2016 como si fuera brasileño, cuando lo más cerca que estuvo de la capital del Carnaval fue en El Aguajal (restaurante charapa de Los Olivos). Sí, ya sé, Usted en realidad está expresando su solidaridad latinoamericana con el pueblo de Lula, cuando lo único que le suena en portugués viene de las canciones de Xuxa, la reina de los bajitos. Sí, ya sé. Usted en el fondo espera un milagro, una verdadera revolución ciudadana que permita que la Transoceánica lo acerque más hacia el otro lado del continente, y pueda estar sentado frente al Atlántico bajo el fondo musical de Garota de Ipanema, esa canción que escuchó por primera vez cuando con sus amigos de Letras se emborrachó en la Media Naranja (Schell 130, Miraflores). Sí, ya sé. Soy un aguafiestas (…y Julinho es peruano).
Precisamente Rio fue hace unos meses lugar de encuentro de una muestra representativa de la intelectualidad (¿?) peruana, quienes asistieron a una conferencia de latinoamericanistas. Obviamente, la ciudad no se dio por enterada; pero la peruanada disfrutó olímpicamente de dicho encuentro, con la desfachatez propia de quien lleva sopa en botella a Copacabana. En los próximos días, iré posteando anécdotas (in)felices que tienen como protagonistas a un caviar, un blogstar, una feminista de la subjetividad, y obviamente a una ex; todos ellos incautos inquilinos de una ciudad-night-club. (Usted pensó: este jorobado ya se olvidó… Lo siento). Mientras tanto, les dejo con el himno de un grupo de politólogos poetas del Mid-West gringo cuyas almas, se dice, penan todas las noches por las calles de Lapa. 
Odiaba despertarme a la misma hora que tenías que hacerlo para ir a la oficina. Odiaba tener que ducharme en una tina que no era la mía. Odiaba tus manías por las vitaminas y la comida regulada. Odiaba tu refrigeradora sin Coca Cola. Odiaba que vivieras en el mismo edificio que tus padres. Odiaba tus ventanas sin cortinas. Odiaba quedarme las mañanas solo en tu casa. Odiaba tu clave de internet. Odiaba a tu gata. Odiaba a la mayoría de tus amigos… Hoy odio extrañar tu beso de desayuno. 
Alan es Zelig, dicen. Alan no es Haya, también (primicia chocherita!). Alan es casi casi un fachista, un neoliberal sin misericordia. Un aliado de la impunidad militar. Alan, es malo, malo, malo (fondo musical de Bebe). Si usted cree que nuestro presidente no es capaz de un gesto de caridad a un desconocido sin algún interés detrás, mejor no lea lo que sigue a continuación.
Dicen que el tiempo que Alan García estuvo asilado en Bogotá, era un tipo opaco, que llevaba a cuestas el desprestigio de su gobierno hiperinflacionario y catastrófico. Dicen que en las reuniones diplomáticas a las que era invitado casi como un gesto de cortesía (¿o compasión?), era prácticamente un tipo marginal, al que en el mejor de los casos se le acercaban por cordialidad. Quizás por ello, no aguantó tanto tiempo en Colombia, y terminó yéndose a Francia, donde la ventura, como se sabe, le puso mejor cara. Sin embargo, al parecer, su paso por el vecino país despertó en él gestos anónimos de solidaridad.
Álvaro López es un mendigo que pide ayuda en el semáforo de la calle 81 con carrera 9a en Bogotá. A los tres años (cuenta la crónica de Soho) se quemó la cara y parte del cuerpo por un accidente del cual no guarda recuerdo. Desde entonces (1966), le han hecho dos cirugías. Una de ellas le regaló “el doctor Alan García”. Es posible que se trate de un homónimo (la historia no da más detalles), pero quizás esto nos dé una esperanza sobre la bondad que puede despertar nuestro presidente. No en vano, tantas mujeres le han amado.
Partimos de la convicción de que el Perú no tiene intelectuales y, lo que es peor, a la vez tiene muchos. Nuestro objetivo político es bajarles el pantalón en público. Creemos que leer a Lacan para entender la idiosincrasia nacional es una ofensa que debe ser penada con 48 horas continuas en combi, y que considerarse de izquierda y practicar yoga debe ser castigado con un road-trip a los “conos” de la mano de Genaro Ledesma y Alberto Moreno. Este blog no tiene pretensiones intelectuales. Por el contrario, es anti-intelectual.